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Hay que decirlo más

Tag "Personal":

Trådlös

07/10/2008

LinksysSí, Trådlös. Ese es el SSID de mi red Wi-Fi.

¿Qué por qué os cuento esto? Fácil. Resulta que yo, como buen hijo (paso de IMDB, hombre ya) y mejor persona, decido compartir con mi Señora Madre el gran invento que es Internet. Para no tener que grabarle toda la red en un diskette, me compro un router que pueda adosar a mi cablemodem de ONO cual Megazord todopoderoso.

Una vez comprobado que todo funciona como Dios manda, me dirijo a la configuración del mismo y… ¡ESTÁ TODO EN SUECO!
Me cago en los dueños de Ikea, ¿cómo coño configuro esto ahora?

Y ahí estaba yo, traductor de Google en mano (o en pantalla, o lo que sea) intentando hacer más seguro mi coto privado de porno. No sé si lo he conseguido, pero entretenido ha estado un rato.

Así que nada, desde aquí me gustaría dar las gracias a Linksys por darme venderme un producto tan jodidamente bien traducido (en cursiva y tal), ya que gracias a él he podido bautizar mi guaifai con la primera palabra que tenía a mano (que significa “Wireless”, por si alguien lo quiere saber).

Buscando trabajoComo dice un amigo, hace mucho que no me follo a este, mi querido blog. El motivo principal de esto es que soy un vago de cojones, y que en Agosto me apetece hacer de todo menos escribir.

Aparte de eso, no he parado ni medio segundo. En este mes y pico que no he renovado esto me han pasado muchas cosas, la más importante -y la que me ha llevado a volver por aquí-: casi me cambio de ciudad por trabajo.

Por motivos personales, Bilbao siempre me ha tirado muchísimo. Después de una buena temporada viviendo en Madrid y yendo al norte cada dos por tres, decidí trasladarme a esta bonita ciudad. Empecé buscando trabajo (lógicamente) y, pese a que la oferta es ínfima si la comparamos con Madrid, tuve oportunidad de hablar con varias empresas.

No voy a dar nombres ni cifras concretas, pero aun así os contaré el proceso de casi-selección que seguí con una.

La empresa en cuestión no se dedica a este mundillo ni tiene a nadie que entienda sobre él, por lo que toda la ristra de “argumentos técnicos” que tenía preparados no me valieron para nada. Me hicieron dos entrevistas: una en Madrid y otra en Bilbao. En todo momento me dieron una sensación de profesionalidad, seriedad e interés por mi acojonante. Me encontraba ante una de las mejores compañías que había conocido.

Pero no es oro todo lo que reluce, y de ahí el título del post. Todo parecía que iba bien, me llamaron diciendo que me habían elegido para el puesto y fijamos una fecha para negociar las condiciones (¿negociar, he dicho negociar?).

Llegó el día, me presenté en sus oficinas y estuvimos hablando largo y tendido sobre los motivos que me llevaban a Euskadi, lo buenos que son en su campo y, sobre todo, en un concepto muy bonito: el equipo. Dichoso equipo.

El sueldo que habíamos hablado previamente cumplía mis expectativas, así como el tipo de contrato. Sino no habría puesto tantas ganas en el puesto, desplazándome incluso a 500 kilómetros de mi casa. Al fin llegó el momento más esperado: los detalles de contratación, ¿que qué pasó?
Pasó que me ofrecieron un salario tirando a bajo, lleno de variables imposibles de conseguir (y relacionados con la producción de la empresa, no con la mía en particular -de ahí el ahínco en resaltar lo del equipo-), el contrato era temporal (según ellos, porque así obtenían “ventajas fiscales”) y todo ello excusado por un “plan a 3 años” (empezando con un contrato temporal por muuucho menos tiempo, repito) y un ambiente inmejorable (¿qué empresa diría lo contrario?).

Sinceramente, si tanto interés tenían en mi contratación, no sé a qué vino dicho planteamiento. A fin de cuentas, me hicieron perder el tiempo a mi y a ellos mismos.

Ahora toca valorar otras opciones, incluyendo la de quedarme como estoy: de freelance (más a gusto que un arbusto, por cierto). :P