Convertirte a ti mismo en una marca es difícil, muy difícil, y Obama lo ha conseguido (con ayuda, claro). Hacía mucho tiempo que no veía nada similar. Ha pasado de ser un completo desconocido a ser nuestro salvador en pocos meses. El hombre elegido para sacarnos de la crisis. Y sí, hablo en plural, porque no es el nuevo héroe de EEUU, sino del mundo.
Siempre he intentado estar al tanto de lo que ocurre en el mundo, y hoy mucho más. Me he levantado pronto pese a haber dormido bastante poco. He puesto la tele para ver quien puede ser el próximo justiciero universal y, para satisfacción propia y de la gran mayoría de España, he descubierto que se trataba del bueno de Barack.
Hace 4 años, cuando Bush salió reelegido, no se respiraba un ambiente similar. Era y es uno de los hombres más impopulares del planeta, lo que le llevó a un mandato que mucha gente se tomaba como una cuenta atrás. Una cuenta atrás hacia el “Change We Need“.
Hoy, en cambio, las conexiones en directo de los informativos denotaban otra cosa. La victoria del negro, como le llama el impresentable de Chávez, se tomaba con ilusión. Desde Nueva Delhi hasta el mismo Washington se celebraba este hecho. Lo que yo me pregunto es… ¿por qué?
Nadie sabe si va a cumplir sus promesas, pero la imagen que ha dado en la campaña electoral ha sido impecable. Desde su sobresaliente web, hasta su sincero y revolucionario discurso (o eso queremos creer).
Quizá el hecho de ser afroamericano, lejos de ser un hándicap, le ha ayudado sobremanera. Su programa electoral ha sido el baluarte de su candidatura (como es lógico), pero sin duda ha estado un punto por encima de McCain desde el principio por algo muy importante: la diferenciación.
Ha tenido la suerte de caer muy bien a la opinión pública, especialmente a los medios de comunicación. Se le ha colgado el sambenito de ser el abanderado de las minorías, lo que se ha visto reflejado en las urnas notablemente… ¿lo reflejará él también en sus actos? Como he dicho antes: nadie lo sabe. Eso sí, tanto él como McCain han dado una lección a todos los políticos del mundo con sus palabras.
Siempre he vivido este mundillo como una competición de poder, una lucha de egos en la que el perdedor es desterrado al ostracismo. Al menos en España siempre ha sido así, teniendo a la oposición como una mera mosca cojonera durante la gran mayoría del tiempo. En EEUU no sé si pasará igual, pero lo que si me ha quedado claro es que la cooperación es posible. Demócratas y republicanos han hablado de sus rivales con extrema pulcritud, un detalle muy a tener en cuenta en estas lides. Se han comprometido a ayudarse mutuamente sin desmerecer los méritos del otro por tener diferencias políticas, ¿podrán pasar estas palabras a ser realidades?
Y otra cuestión que nos atañe mucho más: ¿serían capaces Zapatero y Rajoy de hacer lo mismo?