A mi derecha, un futbolín. A la izquierda, una baraja de cartas. La verdad es que tan lúdica escena era propicia para cualquier cosa menos para hablar de sofware. Sin embargo, a los quince minutos de abandonarla ya estaba buscando en Gúguel el nombre del programa que uno de mis amigos me había recomendado: My Drivers.
La primera vez que lo ejecutas te das cuenta de que desprende cierto tufillo cutre. Desde la cabeza del sonriente tigre Hobbes, que hace las veces de icono, hasta la lamentable traducción, que mezcla el lenguaje de Shakespeare con palabros del de Nuria Bermúdez. Todo ello, lejos de disgustarme, me parece que lo hace todavía más encantador. ¡Volvemos a los 90, Doc!
A mis tiernos 20 años he formateado alrededor de un gritón de ordenadores, habiendo reinstalado otros tantos. El tiempo que tarda Windows en copiarse lo invierto viendo un capítulo de Skins, el 90% de los programas ya los tengo cuando lo inicio por primera vez gracias a mi querida Unattended Edition, pero… ¿qué pasa con los controladores? Los muy porculeros necesitan de mi atención más de lo que me gustaría. Mete un CD, selecciona la carpeta, acepta, siguiente, siguiente, siguiente… Se acabó.
Gracias a este programa podemos crear un EXE que aglutine todos los drivers de nuestro sistema, pudiendo ejecutarlo a posteriori para ahorrar una infinidad de tiempo. Por si fuera poco, nos ayuda a eliminar los que ya no usemos, exportar uno en concreto o incluso actualizar los que dispongan de una nueva versión. La polla en carromato, vamos.
Ya sabéis hamijos, si os ha molado lo único que tenéis que hacer es ir a la página del fabricante y pagar religiosamente los $39 que cuesta… o no. 